lunes, 20 de febrero de 2017

Los fueros hoy

Por Isidoro Álvarez Sacristán, de la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación (publicado el 06.02.2017 en Diario de León http://www.diariodeleon.es/noticias/opinion/fueros-hoy_1135626.html)

Nada menos que mil años se cumplen el 30 de julio de este año en que se dio a conocer por Alfonso V, en un Concilium extraordinario, el Fuero de León en el año 1017, mejorado y ratificado en Santa María de Regla el 1 de agosto de 1020. No es posible en un artículo periodístico analizar su texto; para ello tenemos a un magnífico historiador como García Gallo que ha realizado un gran estudio del referido Fuero en sus versiones de Braga, y de Pelayo de Oviedo y, más cercano, los estudios del catedrático de la Universidad de León Arvizu y Galarraga, enlazando con los Decretos de la Curia de León sobre las Cortes leonesas de 1188, la confirmación de las mores y las garantías jurídicas en general. La importancia del Fuero de León —como recoge Puente López— es reconocida por ser las primeras leyes territoriales de la España medieval y fuente en la que bebieron los siguientes Fueros de la Hispania de la época.

En otra ocasión, al referirnos a las Cortes de León de 1188, decíamos que, en efecto eran «cuna del parlamentarismo», pero eran una «cuna vacía». Y se concluía que tan magno acontecimiento se limitó a unas jornadas en San Isidoro y pare usted de contar. Lo más lógico habría sido constituir las Cortes de Castilla y León en la ciudad donde nació el primer órgano parlamentario con asistencia de «obispos, magnates de mi reino y con los ciudadanos elegidos por cada ciudad». ¿Qué más se puede pedir para cumplir la historia y la tradición? Pues se queda León sin su historia y sin su «cuna».

Lo mismo puede ocurrir en esta conmemoración de Julio de 2017. Se celebrará algún acto impuesto por los ignorantes de la historia, dirán que los leoneses fueron los primeros en el tiempo (prior tempore), pero dejarán de ser los preferentes en el derecho (potior iure), pues éstos, como leoneses, se perderán en la maraña de leyes extensivas a otras situaciones y necesidades. Y no es momento de aplicar a nuestra comunidad —Reino de León— aquella norma, tan excelente, en que se regulaban —hasta entonces inéditas— las garantías de la seguridad jurídica, las garantías procesales, la propiedad, etc. Unas normas que se apoyaban en la tradición y en la costumbre. No es que se quiera trasladar al mundo jurídico de hoy las excelentes normas del Fuero de León, ya que de la tradición no todo es aprovechable pero sí lo es en cuanto a la esencia, pues como decía Ganivet (Idearium, 278), «… lo que nosotros debemos tomar de la tradición es lo que ella nos da o nos impone: el espíritu». Algo se podrá trasladar al mundo de hoy del eximio Fuero de León.

Otras comunidades lograron que sus fueros se incluyesen en la norma superior o la Constitución. Es sabido que en la Disposición Adicional Primera se dice que «La Constitución ampara y respeta los derechos históricos de los territorios forales». Habrá que definir, primero, qué son los denominados «fueros viejos», y cuáles son los territorios forales. Los primeros, se dice, que son los de las Vascongadas y Navarra y los segundos los que ellos mismos se denominan «Territorios Históricos», así con mayúscula, como se dice en el artículo 2.2 del Estatuto de Autonomía del País Vasco. Desde el siglo XV se ejercía este derecho denominado «pase foral» como un autogobierno propio en el ámbito económico con el acuerdo de pagar un «cupo» o cantidad al gobierno de España. Se priva de este Derecho en el año 1937 (antes pasan por varias vicisitudes, guerras carlistas, etc.). Y comienza a intentar revocarse en los años sesenta (1963). La Diputación de Guipúzcoa , siendo Presidente José María Araluce Villar —que, cosas del destino, en plena efervescencia por defender la implantación nuevamente de los Fueros Vascos , es asesinado el 4 de octubre de 1976, por los que decían llamarse vascos— comienzan las proposiciones al Estado para la recuperación de las Instituciones forales. Se concluye en 1978 con un acuerdo de la Diputación de Guipúzcoa en trasladar al Senado para que se incluya en la redacción en la nueva Constitución el reconocimiento de la Foralidad de las provincias vascas. A pesar de admitirse esta propuesta, el grupo Vasco se opuso por una cuestión de literalidad. Así, la redacción actual, como se ha dicho más arriba, es: «la Constitución ampara y respeta los derechos históricos de los territorios forales»; sin embargo el grupo Vasco (PNV) proponía: «La Constitución reconoce y garantiza…». Esta última redacción era como querer reconocer que estos derechos eran anteriores a la propia Constitución y permanecían «a pesar» de ella. No se entiende tantas alharacas, si el propio Estatuto de Autonomía del País Vasco declara paladinamente que lo es «de acuerdo con la Constitución» y «dentro del Estado Español».

Hemos de preguntarnos si León, como entidad genuina, es un «Territorio Histórico». Nada más tenemos que contestarnos que fue Reino, pasó a ser región, con cinco provincias, más adelante tres y, ahora —lamentablemente— unido en una alianza «cuasimorganática» con Castilla. Sería un hecho acorde con la historia y con la nacencia del parlamentarismo que se hiciese un trueque y las Cortes se instalaran en León como Cortes de León y Castilla, y a cambio se mudase a Valladolid la inoperante institución del Defensor del Común. Este Territorio Histórico que, como dice su himno, «… que antes que Castilla leyes, /concilios fueros y reyes, /dieron prestigio a León», puede vanagloriarse de su Fuero, primigenio en la juridicidad de la península y, en su conmemoración milenaria se debería extraer alguna nota de modernidad para que se pudiera dotar al leonés de una parte de su historia. Los investigadores de la Historia del Derecho tienen un reto para llevarlo a cabo desde ahora hasta el mes de julio de 2017.

viernes, 17 de febrero de 2017

Sinfonía centralista

Por Julio Llamazares, escritor (publicado en La Nueva Crónica el 27.11.2016 - http://www.lanuevacronica.com/sinfonia-centralista)

Tiene razón la portavoz del Partido Popular en la Comisión de Cultura de las Cortes de Castilla y León cuando dice que una orquesta sinfónica, en este caso la de Castilla y León, no es una charanga que pueda «ir por ahí tocando» en respuesta a la pregunta de un diputado socialista que se quejaba de que sólo lo haga en Valladolid. Lo que no explica la portavoz del PP es por qué la Orquesta Sinfónica de Castilla y León ha de tener su sede en Valladolid como casi todos los organismos culturales creados y financiados por el gobierno autonómico (la Fundación Villalar, la Fundación Patrimonio, la Fundación Siglo de las Artes, etc.) habiendo tantas ciudades en la comunidad autónoma ¿Es que sólo los vallisoletanos son castellano-leoneses?

Que una Orquesta Sinfónica no es una orquesta de pueblo se comprende bien, como también se entiende que tiene que tener una sede permanente en la que ensayar y llevar a cabo sus principales conciertos. Pero deducir de ello que la tal sede haya de estar en Valladolid por mucho que esté en el centro de la autonomía y sea su capital (por esa misma razón todo tendría que estar en Madrid) y, sobre todo, que no pueda tocar en otras ciudades habiendo como hay en Castilla y León un mínimo de diez o doce con capacidad y público para ello y teniendo en cuenta lo extenso de la geografía autonómica (en La Rioja o en Asturias la gente tiene fácil desplazarse a sus capitales para escuchar a sus orquestas titulares, pero en Castilla y León eso no es así) significa que el centralismo vallisoletano, lejos de corregirse, es una patología que va en aumento, como continuamente demuestran los políticos autonómicos y los vecinos de Valladolid. Algunos hasta se extrañan cuando se les comenta que los demás castellanos y leoneses también tienen derecho a existir.

En los 35 años que hace que vivo en Madrid he visto cómo el centralismo madrileño se diluía poco a poco por mor de las autonomías surgidas de la Constitución de 1978, pero a la vez he ido notando en mis viajes que, aprovechando la descentralización estatal, se han creado otros centralismos autonómicos con la misma argumentación (la centralidad geográfica, la capitalidad política, etc.) que justificaron durante siglos el de la capital de España. Ninguno, empero, como el de Valladolid, cuya voracidad acumuladora ni siquiera se ampara en el hecho de ser la capital, que sólo lo es de facto. En los treinta y tres años que dura la autonomía de Castilla y León, el crecimiento de Valladolid ha sido tan imparable como el empobrecimiento y la despoblación del resto de las provincias y de las ciudades de la comunidad. Si denunciar esto es leonesismo, victimismo provinciano o envidia cochina, yo soy leonesista, victimista y envidioso. Y encima idiota, porque, viviendo en Madrid, lo que suceda al norte del Guadarrama debería traerme al fresco.

martes, 14 de febrero de 2017

LEÓN, Corazón del Derecho Parlamentario

Por Diego García Paz, letrado de la Comunidad de Madrid y académico correspondiente de la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación (publicado en queaprendemoshoy.com el 03.09.2015 http://queaprendemoshoy.com/leon-corazon-del-derecho-parlamentario/)

Que el moderno sistema parlamentario se originó en tierras británicas es una consideración generalizada en el foro del Derecho Público, pero en una muy importante medida limitada e incluso errónea, pues si bien es cierto que la contribución al parlamentarismo por parte de Inglaterra ha sido importante, en absoluto puede considerarse la génesis misma del régimen asambleario como forma política de dirigir el destino de las naciones.

Con bastante anterioridad a que el rey inglés Juan Sin Tierra convocara a todos los estamentos para, no ya obtener soluciones consensuadas, sino con el objeto de garantizarse de manera artificiosa la continuidad en el trono ante los envites de nobleza y clero, cediendo una parte notable de su poder a cambio de mantener su reinado, en León (antiguo reino del norte de España) un brillante monarca, Alfonso IX, convocó en el año 1.188 una asamblea conformada por todos los representantes de la sociedad de entonces y en ella, con motivo de regularizar el estado económico del reino, se llegó a un verdadero y genuino acuerdo, en igualdad de calidad de todos los presentes, al que el propio rey se sometió. Con ello, de aquella reunión solemne celebrada en la Real Colegiata Basílica de San Isidoro, surgió la base del Derecho Parlamentario: los presupuestos, la economía, como motivo principal o razón de ser de las reuniones, y la necesidad de que los frutos del debate fueran obra del consenso y no de la imposición. El texto que recogió estos hitos recibió el nombre de Decreta, y ha sido incluido en el Registro de la Memoria del Mundo de la UNESCO como la manifestación primigenia y auténtica del sistema parlamentarista.

Así pues, ha de concluirse que en todos los debates que se celebran en sede parlamentaria, desde el correspondiente al Proyecto de Ley de Presupuestos Generales, de donde surgió el sistema parlamentarista, hasta cualquier trámite reglamentario que procede en Derecho para la aprobación de un texto normativo; desde las Cortes Generales del Estado hasta todas las Asambleas Autonómicas, el corazón del antiguo reino de León sigue latiendo bajo el primer y fundamental impulso inspirador de progreso asentado por Alfonso IX.

sábado, 11 de febrero de 2017

Castilla y León, el origen del esperpento

Por Joaquín Cuevas Aller, escritor (publicado en Diario de León el 10.02.2017 - http://www.diariodeleon.es/noticias/opinion/castilla-leon-origen-esperpento_1136742.html)

El 25 de febrero del año 1983, cuando fue creado el Estatuto de Autonomía de Castilla y León —un documento que nunca fue refrendado por los ciudadanos leoneses y castellanos— yo residía en Bilbao. Nunca pude entender que dos de las regiones españolas más históricas no hubieran obtenido su propio estatuto como el resto de las que tenían condiciones equiparables.

Al jubilarme, en 1999, pude cumplir mi deseo de regresar a esta bendita tierra leonesa que me vio nacer. A mi regreso, una de las cosas que más me llamó la atención al hablar con la gente, es que todo el mundo le echaba la culpa a Rodolfo Martín Villa de la creación de esta autonomía. Cuando yo preguntaba los motivos por los que el Sr. Martín Villa hizo tal cosa, las respuestas que obtenía no eran convincentes. No quiero decir con esto que salgo en defensa de este señor, al contrario, él y otros leoneses pudieron y debieron impedir la integración de la región leonesa en el esperpento llamado autonomía de Castilla y León.

La información que yo tenía era muy distinta. Debido a mi trabajo en el mundo editorial, conocí a altos dirigentes del PNV, de EA y del PSE. Y recibí esta información que les cuenta a continuación. En octubre del año 1974 el PSOE celebró un Congreso en Suresnes, Francia.

Allí un dirigente socialista llamado Gregorio Peces Barba propuso y se aprobó la creación de las autonomías. Peces Barba defendió también la constitución de tres autonomías uniprovinciales rodeando al País Vasco para frenar las ideas independentistas del PNV. Eran Navarra, Santander y Logroño. Además sería creada una autonomía potente de gran tamaño con el resto de las provincias castellanas y de la región leonesa con el mismo fin de impedir la independencia del País Vasco. Esta información era conocida por la mayoría de los vascos. Peces Barba fue elegido posteriormente diputado por la provincia de Valladolid, encabezando la candidatura del PSOE.

También se sabía que la inclusión de la palabra nacionalidad en el artículo 2º de la Constitución era una idea del PSE. Las palabras nación y nacionalidad son sinónimas, nacionalidad viene de nación. Los socialistas vascos eran más nacionalistas que el propio PNV.

Yo tuve serias discusiones con algunos dirigentes socialistas. Uno de ellos, con el que tenía bastante confianza, me dijo que España era una nación de naciones y que el País Vasco era una nación y, como tal nación, tenía el derecho a decidir ser independiente o seguir en España. Le pregunté en qué se basaba para decir eso. Y me respondió que los vascos eran una raza diferente del resto de los españoles. ‘Tendréis que convocar un referéndum, algo no permitido en la Constitución’, le dije.

‘En estos momentos, no hay ninguna posibilidad de que la provincia de Álava vote a favor de la separación de España. Si es así ¿qué va a pasar con Álava?’. ‘Ah, no —me dijo— Álava siempre fue parte del País Vasco y lo seguirá siendo’. ‘Estás otorgando al País Vasco lo que le niegas a España, pues el País Vasco fue siempre parte de España’, le contesté.

Dije antes que los socialistas vascos eran más nacionalistas que el PNV. Al regresar del exilio el lehendakari Jesús María de Leizaola el 15 de diciembre de 1979, un periodista le preguntó si iba a luchar por la independencia del País Vasco. La respuesta del Sr. Leizaola fue: en los próximos 100 años no debemos hablar de independencia, luego ya veremos. Los socialistas vascos opinan hoy igual que entonces. Hace unos días Patxi López dijo ante las cámaras de televisión «España es una nación de naciones.

La concesión de la autonomía a las provincias castellanas de Logroño y Santander demuestra que los políticos pueden hacer lo que quieran, que el texto de la Constitución no tiene valor alguno, es papel mojado. Esas dos provincias nunca fueron región, fueron provincias fundadoras de Castilla. La integración de la región leonesa con el resto de las provincias castellanas es una burla a la Constitución.

La región leonesa es con Asturias y Galicia una región histórica entre las históricas. La decisión de crear la autonomía de Castilla y León no puede entenderse como un arma para combatir el nacionalismo vasco.

Tiene que haber otro motivo y lo hay, muy conocido aunque nadie lo dice.

Para conocerlo, analicemos un mapa que incluya completas las regiones de León y de Castilla y el mapa de la actual autonomía. Comparando los dos mapas, podemos observar que en el primero el centro no sería Valladolid, sino Burgos y la capital hubiera sido Burgos. En el actual mapa, se observa que el centro geográfico es Valladolid, ese era el motivo.

Desde el inicio de la creación de la autonomía de Castilla y León nunca ha habido un plan de desarrollo general ni un plan de unidad de ambas regiones.

El único plan que ha habido es el desarrollo de Valladolid, especialmente de la capital. Los resultados son elocuentes: Valladolid es la única provincia que ha progresado, especialmente la capital. En cambio, la región leonesa, especialmente la provincia de León, una de las más ricas en recursos económicos de toda España, con su integración en este esperpento autonómico, está sufriendo la mayor desgracia en su milenaria historia.

Las consecuencias están siendo trágicas como lo demuestran los siguientes datos: en los últimos 33 años la provincia de León ha perdido el 25% de afiliados a la Seguridad Social; ha perdido el 20% de su población con decenas de miles de jóvenes forzados a emigrar; la despoblación es trágica, muchos pueblos milenarios han perdido hasta el 80% de su población; el empobrecimiento de León es tal que ocupa la cola en renta per cápita de toda España y empeorando año tras año; y lo peor, ya no somos leoneses, según el Sr. Herrera, Presidente del esperpento autonómico, ahora somos cavernícolas que ocupamos el oeste de Castilla.

Dentro de otros 33 años, ya no seremos ni cavernícolas, no existiremos; los jóvenes siguen emigrando, cada año nacen menos niños, los viejos habremos muerto todos y los políticos leoneses siguen callados ante la mayor desgracia de la provincia de León en su milenaria Historia.

sábado, 3 de diciembre de 2016

¿Qué es el Fuero de León y cuál es su importancia?

Por Diego García Paz, letrado de la Comunidad de Madrid y académico correspondiente de la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación

En el ya cercano año 2.017 tendrá lugar un nuevo hito para la Historia del Derecho de España, pues se cumplirán mil años de la aprobación de la que se considera la primera recopilación de fueros existente en la Península Ibérica, el Fuero de León de 1.017.

Este compendio normativo fue obra del rey leonés Alfonso V, quien convocó en la catedral un concilio para su aprobación. El Fuero de León, posteriormente copiado en otras recopilaciones aplicables a diferentes territorios, contenía 48 preceptos, de los cuales 20 regirían en la integridad del territorio del antiguo Reino, siendo los restantes una serie de disposiciones aplicables de modo exclusivo a la capital.

Las primeras 20 normas, vigentes para todo el Reino, revelan una concepción del Derecho que trasciende las penumbras medievales, adentrándose en la modernidad. En efecto, entre lo estipulado se observa el interés por mantener el ejercicio y aplicación de la justicia de un modo independiente, diferenciando este poder de los otros; asimismo, se contemplaron las primeras garantías procesales; fue un texto pionero al tratar de separar Iglesia y Estado en plena Alta Edad Media; albergó el reconocimiento de la protección de la persona y los bienes de los habitantes del Reino; y contempló por primera vez los derechos de la mujer, en el ámbito del matrimonio y en materia hereditaria.

El resto de normas, que como se ha adelantado tenían por objeto exclusivo la actividad de la capital leonesa, pueden ser consideradas la matriz del moderno Derecho Local, pues en ellas se advierte una pormenorizada regulación de la vida de la ciudad, a nivel comercial y político, reconociéndose, entre otros, el derecho a la inviolabilidad del domicilio. A partir de este conjunto normativo se ha considerado que León fue la primera urbe medieval de Europa, en términos jurídicos, es decir, fehacientes y eficaces, con plasmación documental.

Atendiendo a todo lo referido, es incuestionable la importancia que León ha tenido para el Derecho, tanto mediante el Fuero de 1.017 como con las posteriores Cortes celebradas en la Basílica de San Isidoro en 1.188 (a las que me he referido en un anterior artículo: http://queaprendemoshoy.com/leon-corazon-del-derecho-parlamentario/) acontecimientos ambos que posicionan a León en la vanguardia de la Historia jurídica de España, al ser el origen, como manifiestan muchos autores, de la plasmación y defensa de los derechos fundamentales de los ciudadanos, y establecer los firmes pilares del parlamentarismo. En definitiva, un destello de progreso que comenzó a quebrantar los muros inexpugnables de una etapa oscura.